¿Cómo evitamos los calambres?

Si somos deportistas habituales o personas que realizamos de vez en cuando algún esfuerzo físico, es más que probable que hayamos sufrido las consecuencias de los calambres en las piernas.

Se tratan de breves espasmos o contracciones involuntarias que se producen en los músculos y que generan rigidez en ellos, provocando dolor. Para relajar el músculo, la mejor alternativa es estirar la zona que ha sufrido el calambre hasta que vuelva al estado inicial. En ocasiones, el dolor puede volver a aparecer porque no se ha tratado suficientemente el músculo la primera vez.

¿Por qué se producen los calambres en el músculo?

Una de las razones radica en una mala postura o técnica a la hora de realizar movimientos. Los calambres no tienen por qué aparecer justo cuando nos entrenamos o hemos realizado un movimiento intenso. Muchas veces hacen acto de presencia mientras dormimos, después de soportar la carga de todo el día.

Otro motivo se debe a que no descansamos lo suficiente después de un día cargado de esfuerzos o de un entrenamiento intenso. Debemos respetar los tiempos de reposo para no sobrecargar los músculos. La falta de sueño, incluso el estrés, provocan los calambres en las piernas.

La alimentación también puede afectar a los músculos. Si en nuestra dieta hay una carencia de minerales o vitaminas, es más probable que suframos calambres musculares. Por ello, es fundamental seleccionar los alimentos y ver los ingredientes que contienen, en busca de magnesio, potasio, sodio, vitaminas B2 y vitamina C.

La levadura de cerveza, el germen de trigo, el pimiento, el brócoli o el kiwi son alimentos que nos ayudarán a evitar los calambres.

¿Cómo calmar los calambres musculares?

Una vez que se han producido los calambres y que somos víctimas del dolor que producen, la mejor manera para que el músculo vuelva a su estado original es estirar. El músculo está contraído y lo que necesita es que se estire de nuevo.

Otro método es aplicar un masaje sobre el músculo, incidiendo en su estiramiento. Aplicar frío es otra de las alternativas ya que ayuda a disminuir el agarrotamiento muscular.

Una vez realizamos alguna de estas tres soluciones, es recomendable mover las piernas para que no se vuelva a producir el calambre.

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