Entrenamiento de la mujer durante el ciclo menstrual y las lesiones

Cuando nos ponemos a comparar la fuerza de un hombre y de una mujer, la de ésta última suele ser siempre más baja en términos generales. Sin embargo, no a todas las edades es así. La fuerza entre ambos sexos es igual hasta que llegamos a la pubertad ya que las capacidades fisiológicas son casi idénticas.

Es a partir de los 12-14 años cuando se empiezan a notar las diferencias. Esto se debe a los cambios hormonales y estructurales que comienza a experimentar la mujer a esa edad. Esta circunstancia interfiere a en los entrenamientos y en el rendimiento obtenido.

¿Qué cambios experimenta el cuerpo de la mujer?

El primer cambio en la mujer es a nivel morfológico. La grasa se empieza a acumular en el tejido celular subcutáneo debido a la aparición de los estrógenos, dando lugar al desarrollo de los órganos sexuales femeninos. Asimismo, los estrógenos son los culpables de soldar la epífisis y la diáfisis del hueso. Si la mujer es deportista, esto provoca que sea necesaria un nivel bajo de grasa para poder obtener buenos resultados en el entrenamiento.

El nivel de grasa es primordial para la salud deportiva. Si los valores de estrógenos son bajos (menos del 10-12% de grasa), se puede llegar a sufrir osteoporosis o problemas de densidad ósea.

Rendimiento de la mujer en función de la menstruación

Los síntomas de la menstruación afecta al rendimiento de la mujer. Durante el ciclo menstrual, la mujer tiende a retener líquidos, a experimentar hinchazón abdominal, aumento de peso y está más irritable y depresiva. Todos estos factores no ayudan en absoluto a que la mujer pueda dar lo mejor de sí misma en cada entrenamiento.

Para poner solución a estos síntomas, algunas mujeres echan mano de anticonceptivos. Se deben tomar 3 meses antes de hacer ejercicio debido a que podrían ocasionar una disminución del rendimiento al provocar un aumento de peso.

¿Qué ocurre con las lesiones?

Con el objetivo de mantener el peso, la mujer podría caer en el error de tener niveles de grasa más bajo del 10-12%. En estos casos, se podrían sufrir las denominadas “fracturas de estrés” que tienen lugar en la cabeza del fémur, la muñeca y los huesos vertebrales.

Por otro lado, las mujeres tienen una pelvis ancha y un fémur corto, lo que el eje entre los cuádriceps y el tendón rotuliano es mayor. Esta circunstancia puede provocar lesiones en la rótula de la rodilla si no se cuenta con unos cuádriceps desarrollados.

Las mujeres también son más propensas a sufrir lesiones en el ligamento cruzado anterior de la rodilla debido a que sus movimientos son casi siempre con la cadera mientras mantienen la rodilla en extensión. Esto sumado a poca fuerza muscular en los isquiotibiales da lugar a esguinces o roturas.

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